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Hace casi tres meses escapamos del poder del año 2019. Hoy quiero darme la vuelta y echar un vistazo a los senderos recorridos en ese año, a las distancias superadas con mis propios piés y en diferentes medios de transporte.
Empezaré por la ciudad andaluza de Córdoba.
Me acuerdo del momento en el que por primera vez vi esta ciudad en el mapa histórico. Estaba marcada con un punto grueso en el extremo occidental del Califato árabe. El año pasado, a mediados de marzo llegó el tiempo de viajar hasta allí en la realidad.

El edificio gracias al cual Córdoba es conocida por el público es su gran mezquita. Sin duda alguna, es una de las imágenes de España más difundidas. Después de la reconquista cristiana en la inmensa construcción de los tiempos islámicos fue incrustada una catedral gótica.
Paseando por las estrechas calles de la vieja Córdoba, asomándose a sus patios y viendo las iglesias, viene bien tener en cuenta que justo aquí en la edad media temprana se ubicaba el centro de un gigantesco y poderoso estado, Al Ándalus. Justo aquí se guardaban conocimientos antiguos y nacían nuevos, avanzaba la tecnológia y filosofía, se creaba una bella poesía. Justo aquí, en esta ciudad, en la frontera entre las culturas de los musulmanes, cristianos y judíos. Más tarde los logros de los ilustres de esta tierra acercarán el salto que conocemos bajo el nombre del Renacimiento. Estando en Córdoba es fácil sentir el espíritu de aquellos tiempos y ver sus restos materiales.

Mi lugar favorito en Córdoba son las orillas del río Guadalquivir cerca del antiguo Puente romano. El puente une el centro histórico con la torre de la Calahorra. Es agradable venir al puente en una fresca y soleada mañana para disfrutar viendo las corrientes del río, observar el comportamiento de los pájaros, escuchar la orquesta de sus gritos.
Toda la ciudad está llena de naranjos. De sus ramas cuelgan los frutos, la tierra bajo estos árboles se cubre de naranjas caídas. Dichas naranjas son amargas y menos dulces que sus compañeras cultivadas, pero se las puede comer perfectamente.
Qué visitar
Intentaré recordar los lugares que visité durante mi viaje de tres días.
Por supuesto, la mezquita catedral. No perdí la oportunidad de una visita gratuita temprano por la mañana. Desde el antiguo alminar, ahora campanario de la catedral, se abren vistas sobre el mar blanco de las casas del centro de Córdoba. Más lejos se aprecia la sierra que guarda la ciudad desde el noroeste.
También en Córdoba se conserva una pequeña sinagoga que servía a los hijos de Israel antes de que se los expulsara de España.

Una buena manera de ver la Córdoba antigua es recorrer las iglesias fundadas por Fernando III tras la reconquista (iglesias fernandinas), así como los restos de la muralla y las puertas de la ciudad. En Córdoba hay un lugar mencionado por Cervantes en el Quijote, se llama Posada del Potro.
Si pasamos a la orilla izquierda, opuesta a la que alberga la mezquita, podemos echar un vistazo al museo de la torre de la Calahorra. Alejándonos del río hacia el interior, llegamos a un parque con un avión instalado en su centro.
En una de las noches estuve en un espectáculo flamenco en unos antiguos baños árabes muy cerca de la catedral. Los restos de otros baños se pueden visitar como museo.

Una peculiaridad de la vivienda cordobesa y andaluza en general es su patio interior, generosamente adornado con flores. Los dueños de los patios de Córdoba compiten en la belleza de sus propiedades en un concurso anual. Los viajeros pueden observar los resultados de este trabajo gratis o pagando, por ejemplo en el barrio de San Basilio.
Una visita obligada para los turistas amantes de la historia son las ruinas del complejo palaciego de Abderramán III. Se llama Medinat al Zahra. Yo también fui a verla y no me arrepentí.

Para ver Córdoba desde la altura llegué hasta el parque de la Asomadilla en las afueras de la ciudad. Es un lugar de descanso de las familias locales y prácticas deportivas. En la parte superior del parque hay un mirador y un agradable olivar.
Un rasgo atractivo de Córdoba que noté es su cercanía a la naturaleza. Ya he mencionado las orillas del Guadalquivir. Córdoba también tiene montaña. En apenas la mitad del día, se puede llegar a la sierra, pasar tiempo es ese rincón de la naturaleza andaluza y regresar a la ciudad. En particular, yo llegué hasta un lugar llamado Las Ermitas, donde hace mucho tiempo tuvieron sus moradas los monjes.