Ningún tiempo es malo

На горе Бандерас

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Las horas matinales pueden ser muy diferentes.

Si la mañana es soleada, da gusto subir al monte por una ladera boscosa, investigar los rincones a los que no habías llegado nunca. Estar parado durante unos minutos viendo la ciudad que brilla con sus tejados. Después puedes sentarte en la hierba, tomar el sol, dedicarte a la lectura o audición de la música. De repente empezará a sonar un estridente graznido artificial. Sí, ya son las diez menos cuarto, y la policía da la señal de que los paseos se han acabado y que todos tienen que largarse a casa, al confinamiento.

Aunque a menudo las mañanas son parecidas a la de hoy. A veces más, a veces menos fuerte, cae la lluvia. Si no te parece suficiente y quieres mojarte de verdad, ¡adéntrate en el campo sin segar! Donde tiene que haber vistas sólo hay una niebla blanca. De vez en cuando a través de ella llega el difuminado brillo de la carretera que pasa allá lejos abajo. El aire está impregnado de olores a hierba. La propia hierba mueve sus flores y espigas, sus semillas se pegan a la ropa.

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