Sobre Sigüenza

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Trasladándonos de Gormaz a Sigüenza, cambiamos tanto de provincia (de Soria a Guadalajara) como de comunidad autónoma (de Castilla y León a Castilla-La Mancha). Sigüenza es una ciudad muy pequeña, cuya población es de cuatro mil personas aproximadamente.

Unos invernaderos abajo y la Sigüenza histórica en lo alto.
Sigüenza no se aleja de la tierra

Al salir del coche para la primera toma de contacto con la ciudad, sentí un aire seco empapado de olor a hierba seca, se respiraba con facilidad y gusto. Se acercaba el mediodía, los rayos del sol empezaban a quemar, aunque la sequedad del aire no dejaba que las calles y plazas se convirtiesen en un horno. Me llamó la atención la cantidad de gente que llevaba mascarillas protectoras: una inmensa mayoría. En Bilbao, digamos, es imposible ver nada parecido.

Iglesia parroquial de Santa María.
Iglesia de Santa María

Sin esperar más, enumeremos los principales monumentos, más bien aquellos que pude contemplar durante una visita tan corta a Sigüenza. Un castillo grande y poderoso corona la panorámica de esta histórica ciudad. A finales de los años 1970 le tocó sufrir una reconstrucción radical y convertirse en parador, un hotel prestigioso para turistas.

El castillo de Sigüenza.
Castillo, hoy un parador

La calle Mayor, que nace en la plaza delante del castillo, desciende directamente hacia la catedral de Santa María. Sin embargo, nosotros no tenemos prisa para bajar. Permaneciendo todavía en la parte alta de la calle Mayor giramos a la izquierda, entrando en la calle Travesaña Alta. A pocos pasos vemos una pequeña plaza. A mano derecha queda la llamada casa del Doncel. La visitaremos en breve, y ahora en cambio avancemos algo más y contemplemos el portal de la iglesia románica de San Vicente que está a nuestra izquierda.

Los portales románicos de Santiago y San Vicente.
Portales de la iglesia de Santiago (arriba) y San Vicente

Regresamos a la calle Mayor y sin acelerar el paso seguimos alejándonos del castillo. Aquí por la derecha aparece otro portal románico, el de la iglesia de Santiago Apóstol. Tanto la iglesia de San Vicente como la de Santiago jugaron un papel importante en la historia de Sigüenza. Ahí se juntaban los representantes del autogobierno municipal antes de que se construyera un edificio especial para el consistorio. Durante mi viaje las iglesias desafortunadamente estaban cerradas a los visitantes, abriéndose exclusivamente para las misas. Lo más probable, eso se debía a las medidas de la lucha contra la famosa epidemia del coronavirus.

Una casa vieja y abandonada, pero noble y respetada por su edad.
Casa vieja

A la izquierda de la calle Mayor (si miramos hacia la catedral) se sitúa la parte medieval de Sigüenza cada uno de cuyos rincones es pintoresco. Ahí podemos pasear sin rumbo descubriendo estupendas vistas, topándonos con monumentos de los tiempos lejanos. En particular, Sigüenza ha conservado cinco de las siete puertas de la ciudad amurallada, así como algunos tramos de la muralla.

Un arco coronado por una figura de la Virgen.
Una de las puertas de la ciudad

Al abandonar la calle Mayor cogiendo el primer callejón después de la iglesia de Santiago a mano derecha y al pasar por la Puerta del Sol, pisamos un pintoresco camino. Desde ahí se puede echar un vistazo al castillo de nuevo, esta vez desde abajo. Nos sorprenderá la iglesia de Santiago: ahora en lugar del pacífico portal románico, nos está enfrentando con una verdadera torre defensiva.

La parte alta de la calle Mayor.
Calle Mayor

Por fin terminamos nuestro recorrido por la calle Mayor que nos ha traído a la homónima plaza, también Mayor. Es la plaza al lado de la catedral y lugar de ocio de los habitantes de la ciudad. Incluso los disciplinados portadores de mascarillas se desnudan las caras en las terrazas de este foro para pasar un rato tomando alguna bebida y, a pesar de todo, seguir moviendo la rueda de la vida social. Un lugar de ocio que se parece a este es el parque de la Alameda al cual bajaremos tras rodear la catedral por la izquierda.

En la lejana época del Imperio Romano Sigüenza (Segontia) prosperaba debido a su posición en el tránsito entre las importantes ciudades de Emerita Augusta (hoy en día Mérida) y Caesaraugusta (hoy Zaragoza). Más tarde (especialmente en los tiempos de la lucha entre los reinos musulmanes y cristianos de la península Ibérica) la ciudad tenía importancia estratégica en la entrada al valle del río Henares. En nuestros días el viejo Henares mueve sus aguas sin que nadie le preste atención. Saludémoslo antes de dirigirnos de nuevo al barrio medieval.

Un arco en el centro de Sigüenza.
Un arco antiguo

***

Muchos rincones de la ciudad emiten imágenes de una romántica dejadez. No es difícil ver casas abandonadas y medio derruidas. Sin embargo la vida en Sigüenza sigue adelante, y los protagonistas sobre el escenario de este antiguo teatro son los mismos habitantes de la ciudad. Más de una vez oí como cantaba la gente dentro de sus casas. Otros protagonistas son los vencejos. Sus grupitos dan vueltas por todas partes, son los verdaderos dueños del espacio aéreo de Sigüenza. Sus alegres gritos atraviesan el aire.

Unas casas habitadas pegadas a otras abandonadas y medio derruidas.
La melancolía del abandono

No es difícil notar que las casas antiguas en Sigüenza son de piedra o bien combinan una planta de piedra con arquitectura de entramado, en cuyo caso vemos sobresalir su carcasa de madera. Una buena oportunidad para ver una vivienda antigua por dentro es visitar la mencionada casa del Doncel. Aquí, entre otras, vivió la familia noble de los Vázquez de Arce, a la cual hizo famosa un hijo suyo, Martín, en el siglo XV. Este joven caballero falleció participando en una incursión a la Granada musulmana. Tras su muerte fue enterrado solemnemente en la catedral de Sigüenza. Actualmente la palabra doncel sin duda está anticuada y parece graciosa, pero esto no se aplica a Sigüenza. Sigüenza la empleó como su marca comercial. La usan con éxito restaurantes y hoteles, la propia ciudad se hace llamar La ciudad del Doncel.

La fachada de la casa del Doncel iluminada por la luz matinal.
La casa del Doncel

Definitivamente vale la pena visitar la casa de los Vázquez de Arce. Es un pequeño museo que, sin saturar a los visitantes de información, les enseñará unas cosas tan variadas como habitaciones decoradas en el estilo mudéjar con escritura árabe y ornamentos orientales, museo de la fábrica de alfombras, galería de cuadros y museo de la guitarra.

Es un resumen aproximado del programa que cumplí durante la segunda mitad del sábado, después de lo cual fui al hotel a cenar y dormir. El domingo por la mañana de nuevo me sentí lleno de fuerzas, y por eso capaz de establecer una relación espiritual más profunda con estos lugares.

***

Encontré mi lugar favorito en el centro de la ciudad. Para llegar ahí tendremos que acercarnos de nuevo (por tercera vez) a la casa del Doncel y ponernos en la esquina de las dos calles (si nos alejamos en diagonal de la puerta de dicha casa). Al girar la cabeza a sesenta grados para la izquierda, el observador verá el portal de la iglesia de San Vicente. Disminuyendo paulatinamente el ángulo, se puede ver una casa blanqueada, luego en la dirección de los cero grados disfrutar de la fachada de la casa del Doncel, ahora iluminada por la suave luz matinal. El giro de la cabeza más allá a la derecha nos permite mirar a través del hueco que forma la calle a las lejanas y por ello empequeñecidas torres de la catedral. Los mismos vencejos, como puntos negros, vuelan alrededor de las torres, dándole viveza a la estática y tranquila visión.

Vista a las torres de la catedral a traves de una calle del centro histórico.
Vista a las torres de la catedral

Esta mañana también paré al lado de un antiguo arco que abre el paso a la plaza Mayor. Levanté la cabeza y me puse a contemplar la catedral. Las huellas de destrucción concentradas alrededor de sus estrechas ventanas me llamarón la atención. Según he leído, se trata de las huellas de la batalla de Sigüenza en los años de la guerra civil. Entonces los republicanos se encerraron en la catedral, rodeados y asaltados por las tropas franquistas.

La naturaleza de Sigüenza: hierba seca, amapolas y pinos.

Luego cruzo el barranco que sirve de límite natural a la Sigüenza histórica. En uno de sus lados reinan el castillo, la iglesia de Santiago y la catedral. En cambio, en el otro lado, en el cual estoy ahora, los humanos han conservado el reino de la naturaleza. Aquí se extiende un gigantesco pinar. Bajo los fuertes rayos del sol los pinos sueltan su aroma al aire, las cigarras gritan con vehemencia desde lo alto de los árboles.

La roca rojiza y una encina.

Me quito los zapatos y, evitando los caminos, con los pies descalzos toco la roca desnuda y las hierbas de este espacio natural. Me acerco al desfiladero. Allá abajo los pinos no son tan compactos como aquí, sino se estiran hacia arriba. Pasan ciclistas por los caminos de abajo, pasea la gente. Me siento sobre la piedra entre un pino y una encina y detengo la mirada en la roca rojiza que tengo delante. Siento paz y placer porque mi alma se ha unido con el alma de esta tierra, ha encontrado aquí un momentáneo refugio… Aunque ya es la hora de volver al coche, pues a las dos de la tarde me toca salir de esta ciudad.

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