A diferencia de la mayoría de mis textos, donde intento presentar una impresión más o menos sólida de lo que vi en los lugares visitados, esta historia sólo será un esbozo superficial. Mencionaré tres viajes que fueron muy breves, de varias horas cada uno, aunque sin embargo, dejaron imágenes preciosas en la memoria.
Siendo nativo de la capital de Ucrania, conozco muy poco sus alrededores. Por lo tanto deseo investigar esta terra incognita, dibujar un mapa mental de lugares curiosos de la región de Kiev. Estos sitios de verdad pueden sorprendernos por lo distintos que son en comparación con la moderna, dinámica y ruidosa capital.

La catedral de Antonio y Teodosio (mediados del siglo XVIII) está en el lugar que ocupó en los tiempos de la Rus medieval la ciudad de Vasilev, y vigila desde lo alto a la ciudad moderna de Vasylkiv. Una calle en cuesta nos ha conducido hasta la puerta en la valla. La abrimos y nos dirigimos a las puertas del templo. La señora encargada de cuidar el templo, nos saluda amablemente en el interior. La pintura en las paredes se ha oscurecido por la vejez, los rostros de los santos apenas se distinguen en la penumbra de la iglesia, pero así se nota mejor la conexión de los tiempos. Después de estar unos minutos en la penumbra, salimos a la luz del exterior. Seguramente, poco ha cambiado en el patio durante las últimas décadas. Algunas lápidas del sigo XIX y principios del XX se han conservado cerca de la catedral.

Desde el mismo patio subimos a la alta rampa defensiva medieval. Vemos una cruz muy grande instalada sobre ella. De aquí se abre una vista a todo Vasylkiv, sus bloques de viviendas, casas rústicas y chalets. El cielo sigue nublado, aunque aparecen algunos claros. Estamos a principios de enero de 2021, una temporada sin nieve ni frío. No muy lejos se ve la iglesia de San Nicolás (finales del siglo XVIII). Por cierto, a ese lugar nos dirigiremos ahora.
Exploramos el edificio neoclásico por fuera y por dentro, recorremos el patio. En la puerta de la valla no deja de aparecer gente: algunas personas se dirigen a la iglesia, y otras muchas a la fuente, de la cual rellenan pequeñas y grandes botellas de plástico.

En las afueras de la ciudad nos espera otra iglesia ortodoxa, la de la Natividad de la Madre de Dios (mediados del siglo XVIII). A diferencia de las dos anteriores, esta iglesia es de madera y de tamaños muy pequeños. Se han disipado las nubes, reluce de azul el cielo, y en este momento las paredes de la iglesia repiten sus colores. Alrededor se ven casas rústicas, y el patio del templo es sencillo, como son los patios de las casas aldeanas. Cerca de la puerta trasera el sacerdote habla tranquilamente con alguien, mientras los parroquianos traspasan de vez en cuando el umbral de la entrada principal. Se nota que la vida fluye aquí más lentamente, tan distinto de la capital, aunque sólo estemos a 30 km de ella.

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Unos días más tarde el frío tampoco llegó, pero empezó una lluvia fría, poco propia del mes de enero. Llegamos a Hermanivka y entramos al gardín de la escuela. La fachada del bajito edificio escolar de principios del siglo XX está alargada horizontalmente. Sobre la entrada se ha conservado la inscripción «Училище» (centro de formación en ucraniano), con una forma extraña de la grafía щ, como la ч con un palito. Cerca del colegio se pueden ver casas tradicionales ucranianas (jatas), algunas abandonadas y casi caídas.

En el otro lado de la carretera está la Casa de la Cultura. En su fachada se ven la hoz y el martillo, a pesar de todos los esfuerzos para la “descomunización” hechos por las autoridades en los últimos años. Muy cerca de aquí vemos un monumento dedicado a una batalla de la guerra de liberación liderada en el siglo XVII por Bogdán Jmelnitski. También se encuentran aquí el monumento a los soldados de la Segunda guerra mundial y una iglesia.

Estando en el centro del pueblo, vemos unas construcciones a cierta distancia, en un alto. Es la colina llamada Révyna Horá. Si disponemos de un todoterreno, podemos subir ahí por un camino de tierra, lleno de un barro casi intransitable.
En la cima de la colina hay un conjunto de monumentos y otras construcciones: una cruz, una ermita, una caseta, un molino, un monumento judío en forma de menorá. El significado de algunos artefactos está explicado aquí mismo, en los carteles, de los demás, sin embargo, habrá que buscar información más tarde.

Sopla el viento, no para de llover. La niebla blanca, quizás, oculte en sí a los espíritus de aquellos que combatieron aquí en las guerras, o de los que simplemente labraban la tierra… Puede ser que en esta niebla hay algún mensaje emocional que consuela y da esperanza. A través de la blancura se discierne el centro del pueblo, apartado de nosotros por el río Krasna.
Al abandonar Hermanivka, paramos por un momento en el pueblo de Seménivka para subir la escalera hasta el obelisco en honor a los héroes de la Segunda guerra mundial.

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Quiero recordar otro pueblo que está a pocos kilómetros del límite occidental de Kiev. Su nombre es Lýpovyi Skytok. Este lugar es conocido por su iglesia de madera de principios del siglo XVIII, dedicada a San Onofre. Las construcciones de madera son especialmente vulnerables ante la acción del tiempo; los desastres naturales y sociales les suponen un riesgo especialmente grande. Por lo tanto una iglesia tan antigua como esta tiene que ocupar un lugar destacado en el patrimonio cultural de la región de Kiev y de todo el país.

Visité Lýpovyi Skytok hace unos años. A diferencia de las mencionadas en este texto iglesias de Vasylkiv, que pertenecen a la Iglesia ortodoxa ucraniana (vinculada al Patriarcado de Moscú), la iglesia de San Onofre pertenecía en aquel momento a la Iglesia del Patriarcado de Kiev, y ahora debe de formar parte de la nueva Iglesia ortodoxa de Ucrania. Esta última iglesia se sitúa en la jerarquía del Patriarcado de Constantinopla.
Unos manzanos jóvenes rodean el elegante edificio de la iglesia. El sacerdote no se había ido aún despues de la misa. Pudimos ver la iglesia por dentro. Su interior fue renovado con el esfuerzo de los parroquianos, por tanto, seguramente sea muy distinto de como fue, digamos, hace cien años.
Los campos, las colinas y los bosques de la tierra de Kiev son magníficos. La historia larga y poco tranquila de esta región dejó, sin duda, huellas importantes. Espero poder ampliar mis conocimientos sobre esta tierra, y si hay suerte, profundizarlos también.