La Bizkaia verdadera: Berriz

Басерри Исунца-Гойкоа

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Al lado del andén de la estación de Berriz frena nuestro convoy de Euskotren. Si hemos llegado desde la dirección de Bilbao, no tenemos que cruzar las vías, pero si el tren nos ha traído desde la dirección de Donostia-San Sebastián, hay que pasar al otro lado del ferrocarril. Alcanzamos la calle central llamada Iturriza. Avanzamos por ella en ligero ascenso. En esta parte del pueblo dominan bloques de viviendas normales de varias plantas.

Arrancamos nuestro paseo por el pueblo de Berriz y sus inmediaciones en la provincia de Bizkaia. La ruta no entraña especiales dificultades y es accesible para toda persona con una forma física más o menos buena. Y a este relato puede acceder cualquiera, incluso si está en otro continente y nunca ha oído de estas tierras. Este paseo se basa en la ruta Berriz Baserriz, aunque algunos de sus tramos no coinciden con ella. Aquí se puede descargar el archivo de navegación para seguir exactamente el camino descrito en este relato.

Ahora mismo estamos yendo por la acera. Por la izquierda se oye el ruido de un arroyo que desemboca en un estanque pequeño. Es un parque, sus robustos y esbeltos árboles ocupan la ladera de la colina. Sin abandonar la calle principal, dentro de un minuto estamos entre el edificio del ayuntamiento a mano izquierda y la iglesia parroquial de San Juan a mano derecha de la carretera.

Casa torre de Bérriz

El ayuntamiento se sitúa en una antigua casa torre, una de esas pequeñas fortificaciones en las que vivían las familias nobles vascas en la Edad media. En los siglos XIV-XV durante una época muy larga no cesaban escaramuzas entre dos agrupaciones de la nobleza. Fue una verdadera guerra civil que pasó a la historia bajo la denominación de guerras banderizas. Fundada en el siglo IX, la casa torre del linaje Bérriz aparece hoy en día con muchas modificaciones. Abrazan el aire los robles centenarios que crecen en las laderas alrededor de este histórico edificio.

Puertas de la iglesia

800 m. De esta manera hemos dejado la iglesia a nuestra derecha, y justo delante de nosotros tenemos una casa de fachada blanqueada, perteneciente a las típicas casas vascas, baserri. Actualmente alberga un restaurante. Nosotros giramos a la izquierda.

Avanzamos por la acera sin desviarnos. A la izquierda vemos otra ladera llena de robles. Hacia el final de ese robledal en el lado opuesto de la carretera hay una fuente, y sería prudente abastecernos de agua. Nos esperan unos 10 km de camino, a lo largo de los cuales no podremos conseguir nada para beber. Pasamos debajo de un viaducto, cruzamos la calle y giramos a la izquierda. La parada de autobús queda atrás. Un poco más adelante hemos de desviarnos pur una carretera que arranca a nuestra derecha y desciende (1,3 km).

Huerta

La carretera nos conduce más y más hacia abajo. A la derecha se ve un arroyo, y en la dirección de nuestro movimiento notamos una casa que se inscribe elegantemente en el entorno verde. Lo que tenemos que hacer ahora mismo es rodear esta casa (1,9 km). Habiendo recorrido un pequeño tramo al lado de los terrenos particulares, empezamos a pisar un sendero de tierra que tras bajar un poco empieza a ganar altura rápidamente. Ahora tenemos bajo nosotros una pista pavimentada de piedra, por sus lados crecen fresnos, hayas, robles. Las montañas más altas de Bizkaia, morada de los dioses paganos vascos, se dejan ver allá lejos en el horizonte, como recompensa por nuestro ascenso por este sendero de piedra.

Vistas a las montañas de Duranguesado

El ascenso da paso a un tramo en llano, a mano izquierda detectamos unos jardines. Más adelante vemos un grupo de casas, entre las cuales se diferencia un viejo y noble baserri vasco.

¿Qué es un baserri? Baserri significa pueblo en el bosque en euskera, el idioma de los vascos. Hoy en día esta palabra se aplica a una casa de dos o tres plantas con una fachada muy ancha. Este tipo de casas es propio de las zonas rurales del País Vasco. Normalmente los baserris se situan a una distancia considerable uno de otro, algunos están dispersos por el monte. La palabra española que denomina la típica casa rural vasca es caserío.

En el pasado, especialmente antes de la acelerada industrialización de los finales del siglo XIX y principios del XX, los caseríos eran uno de los pilares más importantes de la sociedad vasca. En ellos habitaban familias grandes, cuya actividad comprendía la agricultura, ganadería y producción artesanal.

Estando en frente de las casas mencionadas, giramos a la derecha (2,5 km), ahí empieza una carretera de hormigón. Avanzamos por ella observando por ambos lados parcelas de tierra habitada y cultivada. Nos rodean los pinos.

Bajo las encinas

Mientras sea posible, no abandonamos la carretera de hormigón en la que estamos ahora. En breve esta carretera se cruza con otra, al lado del cruce hay viviendas. Aquí hemos de girar a la izquierda, iniciando un tramo cuesta arriba. Esta cuesta nos exige un esfuerzo un poco más grande que la anterior. Pasamos bajo las copas redondas de unas encinas. Un poco más adelante la blancura de la fachada de otro baserri nos llama la atención. Este caserío se halla en el giro de la carretera. Tras disfrutar de la contemplación del baserri hacemos apenas unos pasos y nos encontraos debajo del santuario de Santa María construido a mediados del siglo XVI en el barrio de Andikoa. Nuestro camino converge con el gran recorrido GR 229. Mirando hacia la iglesia hacemos un giro a la izquierda (3,3 km).

Andikoa: santuario y baserri

Nuestros pies ya están pisando un sendero cuesta abajo. Cruzamos una puerta improvisada. De esta manera ya hemos remontado la mayor altura de nuestra ruta. En adelante solamente nos esperan descensos y tramos en llano, y los pocos ascensos no tendrán comparación con el que hemos superado para llegar al santuario de Andikoa. En el próximo tramo tendremos que pasar por varias puertas. Nos acompañan encinas y hayas, así como plantaciones de pinos.

Llega el momento cuando las hayas cierran sus ramas encima de nuestras cabezas. De repente se oscurece como si hubiera llegado el crepúsculo. Las ruinas (4,3 km) a las que nos hemos acercado están iluminadas por una luz verde parecida a las del teatro o circo. Al contemplar las ruinas, estos restos de la actividad humana del pasado, es natural preguntarse: ¿quién vivía aquí, a qué se dedicaba? ¿Por quién y cuándo fue construido lo que ahora está reducido a estos restos? Tenemos suerte, pues enseguida recibimos la respuesta a la última pregunta gracias a una inscripción en el muro de piedra. La casa se construyó en 1702 — es fácil, pero la labor de descifrar el nombre de su fundador se la dejo a los profesionales o personas que lo sepan hacer.

Inscripción en el muro de la casa arruinada

Tras contemplar los restos de la construcción vieja nos dirigimos adelante, y de nuevo nos rodean unas casas grandes, estas sí que están habitadas. Atravesamos una plazuela con un poste de piedra en el medio. Sin cambiar de rumbo entramos en una calle que desciende ligeramente. En la bifurcación que llega después hay que optar por la rama izquierda. Aquí abandonamos el recorrido GR 229 (4,5 km). A primera vista parece que nuestro paso lo va a bloquear la puerta de la valla de un terreno particular, aunque si nos acercamos a ella, a mano derecha aparece un estrecho sendero que nos conducirá cuesta abajo paralelamente a la valla.

Una vez hemos iniciado el descenso por dicho sendero, hay que advertir un pequeño obstáculo: ¡una especie de escalón formado por las raíces de un árbol! Al lado de una caseta de transformadores, que queda muy cerca, otra vez pisamos el hormigón. Más abajo, al llegar a un soporte de la línea eléctrica, giramos a la derecha. En unas decenas de metros de aquí podemos ver pequeños campos y viñedos de chacolí (un tipo de vino blanco de estas tierras), así como otra casa rural.

Cruzamos el río, enseguida girando a la izquierda (5,1 km). Durante un rato caminamos por la carretera siguiendo las vallas de los terrenos, contemplando los gardines que pertenecen a los habitantes de este barrio. Al final, antes de llegar a un puente sobre el mismo río, abandonamos la carretera y nos dirigimos hacia la derecha.

Por una senda de tierra seguimos el cauce del río, dejando atrás una cascada, un puente viejo y las ruinas del edificio de una antigua fábrica en la otra orilla. Como explica el cartel al lado de la senda, dicho edificio ha servido de molino, fábrica de papel y central eléctrica, siempre sacándole provecho a la corriente del río. Con el murmullo del río, caminamos por la orilla bajo la sombra de los árboles.

Antigua central eléctrica

El camino nos saca de la sombra, en el lugar marcado con una cruz de piedra aparece el pavimento de grava. A mano derecha emite un fuerte ruido una granja llena de esclavas vacunas. El pavimento vuelve a ser de hormigón. Al lado de una antigua ferrería giramos a la derecha. Pasamos al lado de una pequeña central eléctrica abandonada. Desde la izquierda se oye de nuevo el ruido de las aguas. Lejos delante de nosotros vuelven a mostrarse las altas montañas de Duranguesado. Nos saltamos el primer puente con el que nos encontramos, pero al divisar el segundo (6,7 km), hacemos rumbo a la izquierda y cruzamos el río. El camino deja de lado una casa, detrás de la cual se convierte en un estrecho sendero que describe una curva suave hacia la derecha. El sendero nos abandona en la carretera asfaltada, al lado de unos contenedores de basura (7,0 km). Tenemos que girar a la izquierda aquí mismo, aunque antes de hacerlo podemos acercarnos a la ermita de San Pedro. Después del giro a la izquierda ascendemos por el asfalto hasta un barrio rural.

Dejamos el asfalto exactamente en frente de un caserío viejo, por un sendero poco visible a la derecha resguardado por unas encinas. Avanzamos hasta alcanzar el histórico baserri de Isuntza Goikoa de la segunda mitad del siglo XVII.

Isuntza Goikoa

La importancia del baserri en la vida del país se reflejó en los apellidos vascos, que a menudo se originan en las descripciones de las casas en las que vivían los antepasados. Por ejemplo, Etxebarria (Echevarría) es Casa Nueva, Ibarretxe es Casa en la orilla, Olabarri es Ferrería nueva… Las familias evitaban la fragmentación de sus propiedades mediante la elección de un único heredero entre los hijos, a veces entre las hijas. La arquitectura del baserri como la conocemos hoy apareció en el siglo XVI. Son verdaderos palacios campesinos que se construían con perfección para existir durante cientos de años. Se situaban en las laderas sur de los montes, ya que hacía falta luchar contra el frío y la humedad tan habituales en la cuenca del mar Cantábrico. Además, los cultivos de huerta también necesitan abundante luz solar. La arquitectura popular vasca combinaba los muros de piedra con la tecnología de entramado. La familia habitualmente residía en las plantas altas, colocándose la cuadra y otras dependencias agrícolas en la baja.

Al lado del baserri Isuntza Goikoa vuelve el asfalto. Cruzamos un arroyo, al caminar un poco más paramos delante de la carretera BI-633. Con precaución cruzamos la vía.

Llega el último tramo de nuestro paseo. Seguimos por una carretera de barrio cubierta de asfalto. Disfrutamos de las imagenes de casas y huertas hasta que veamos a nuestra derecha un paso bajo la autovía y el ferrocarril (8,8 km).

Autovía

Al otro lado de estas vías de transporte observamos una zona industrial. Giramos a la izuierda, a la primera calle con la que nos encontramos. Enseguida nos arrimamos a la valla del ferrocarril y llegamos a un paso a nivel con barreras automáticas. De nuevo mantenemos la precaución y cruzamos los raíles, después caminamos por la acera más cercana. A mano derecha tenemos el seto verde y el ferrocarril. No nos daremos cuenta como lleguemos a la misma estación de la cual ha comenzado nuestro recorrido.

5 thoughts on “La Bizkaia verdadera: Berriz

  1. Me encanta mucho el País Vasco 🙂 espero vuelver pronto y descubrir los pueblos de que hablas 🙂 saludos de Lisboa, PedroL

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