Noche y mañana en la fortaleza de Gormaz

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El rugido sordo del motor del coche promete un largo camino. Por fin esto es posible, después de tres meses de prohibición. Se nubla el cielo de Bizkaia, una densa niebla corre en medio de las montañas y puertos donde termina la tierra de Álava. Despejado está el cielo de Castilla, aunque las horas de luz se acaban. Arde la luna creciente encima de Burgos, que apunta hacia arriba las agujas de su catedral. Vuela la autovía nocturna. La abandono cerca de Aranda de Duero. Me adentro a las tierras de la provincia de Soria por carreteras cada vez más estrechas. El recorrido de trescientos kilómetros se culmina en un alto, en un minúsculo aparcamiento, vacío a esta hora tan tardía.

Por las rocas y una pista de hormigón asciendo un poco más, iluminando mis pasos con la linterna del teléfono. Así entro en el terreno protegido por muros y torres, cuyas siluetas se ven negras y carcomidas por los siglos.

Las estrellas vistas desde la fortaleza.
Noche

¡Hace tiempo que no he visto un cielo estrellado como este! Es la una de la madrugada. No hay luz artificial, excepto las farolas del pueblo de Gormaz que está abajo, en las faldas de este cerro. De ahí de vez en cuando llegan voces y ruidos. Las estrellas parecen una nube de polvo brillante, o quizás una nevada congelada en el tiempo. La visión de las estrellas y la Vía Láctea saca al espectador del mundanal ruido, lo envuelve con el éter del infinito. El infinito se encuentra allá lejos, en numerosos años luz, pero está presente aquí también, ¡sólo hace falta apagar las farolas! En algunos momentos el ojo capta las efímeras líneas trazadas por los meteoros.

El amanecer visto desde los muros de la fortaleza.
Amanecer

A las seis con algo presencio el amanecer. ¿Hay un lugar mejor para recibir un día naciente que este muro de la época del califato?

Torres en la parte noreste de la fortaleza.
Vista de una parte de la fortaleza

Me encuentro en la fortaleza de Gormaz (provincia de Soria). Hoy en día es un museo al aire libre sin taquilla ni vigilantes, donde crece la manzanilla. La fortaleza la fundaron los musulmanes en el siglo IX con el objetivo de defender su estado por el norte contra los reinos cristianos que estaban aumentando sus fuerzas. Durante batallas y combates el sitio cambió de dueño varias veces. En diferentes períodos de tiempo la atacaban o defendían tropas bajo el mando de personajes tan conocidos como Gálib y Almanzor por parte de los musulmanes o García Fernández por parte de los cristianos. El Cid Campeador estuvo en Gormaz de alcaide.

Amapolas creciendo entre piedras.
Amapolas

La fortaleza tiene una forma alargada del suroeste al noreste, repitiendo así las formas del cerro. En la parte noreste estaba situada la parte administrativa, hoy aquí podemos ver las torres más importantes. A través de una de las puertas en el lado norte yo dejo por un tiempo el polígono de la construcción defensiva para rodearlo por la ladera del cerro llena de hierba. Allá abajo la tierra está repartida en parches de color amarillo, marrón y verde, en algunos lugares el bosque de saturado color verde se mete entre los cultivos agrícolas.

El río Duero entre los campos.
Los campos y el Duero

Hacia el oeste y sur brilla el cauce del río Duero, lo cubre una manga de densa vegetación. Vale la pena fijarse en un tramo corto del muro en el extremo occidental de la fortaleza. Ahí, en la parte exterior, hay unas tablas incrustadas en la piedra con unas estelas talladas. Un cartel al lado de este sitio exlplica que dos de las estelas vienen de la época islámica y la tercera tiene origen romano. Según los historiadores, las estelas fueron instaladas por los musulmanes para espantar a los espíritus malignos en un lugar tan peligroso en todos los sentidos.

Estelas en el muro de la fortaleza.
Estelas en el muro

Al rodear el extremo oeste, regreso al interior de la fortaleza a través de una elegante puerta los arcos de la cual tienen una forma característica de la arquitectura islámica de Al Ándalus. Recorro el pasillo de la parte más angosta de la fortificación y bajo al aparcamiento de nuevo. De aquí arranca el “sendero histórico”, por el cual se puede llegar al pueblo de Gormaz, pegado a la ladera.

La entrada de la fortaleza, arcos de estilo hispano islámico.
Entrada principal

A lo largo del sendero hay figuras que representan el legado de las diferentes culturas que habitaron esta región. Camino del pueblo me encuentro con una pareja que pasea a su perro. El hombre lamenta que esté cerrada la ermita de San Miguel, porque sería interesante ver las pinturas del siglo XII que contiene. Entonces, me contento viendo esta ermita románica por fuera, luego entro en el pueblo. Aquí saludo a un habitante local que lleva una herramienta pesada encima de sus hombros. Él indica a la ladera y dice que hay un caballo celta por ahí y es de su obra. Creo que se refiere a una de las figuras del “sendero histórico”.

Iglesia y casas del pueblo de Gormaz.
Pueblo de Gormaz

Me acerco a la iglesia, enseguida veo una plazuela con una columna antigua (si no es una copia, claro) instalada en el medio. Relleno mi botella de una fuente y vuelvo a subir la cuesta para regresar al aparcamiento. Ahora son las nueve y media de la mañana. El viaje continúa: mi próxima parada será la ciudad de Sigüenza en la vecina provincia de Guadalajara.

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