Calatayud: castillo de Ayub, ciudad de las cigüeñas

Читать по-русски

Aquella mañana de mayo estaba conduciendo el coche por la carretera Soria-Calatayud. Quedaba cerca de diez kilómetros hasta la ciudad de Calatayud en la provincia de Zaragoza. Por los lados se veían viñedos y jardines. Paré en el pueblo de Cervera de la Cañada para ver la iglesia de Santa Tecla que se considera uno de los mejores monumentos del estilo mudéjar en esta comarca.

Muy poco faltaba para que las campanas tocaran las diez de la mañana, y los rayos de sol ya calentaban bastante. ¿Qué me esperaba en la plazuela al lado de la iglesia cuando subí allí entre las filas claras de casas? La plazuela ofrecía una vista panorámica de Cervera, algunas casas se encontraban en perfecto estado y otras aparecían casi derrumbadas. A los pies de la iglesia había una estatua de Jesucristo.

Vista del pueblo de Cervera de la Cañada
Cervera de la Cañada y su iglesia

No pasé mucho rato en soledad. Superando la cuesta y su propia debilidad física, en la plazuela apareció un anciano. Me saludó y se puso a charlar conmigo. Sus facciones eran sencillas y de aspecto proporcionado, la piel estaba bronceada de forma homogénea hasta el grado máximo del color oscuro. Estos detalles, a los que se puede sumar el color gris de sus ojos, convertían al anciano en una imagen generalizada del campesinado que habita las llanuras de Aragón, descendientes modernos de la población indigena ibérica y moriscos.

Vista cercana de la iglesia de Santa Tecla.
Iglesia de Santa Tecla

La historia que contó no desmintió, más bien confirmó esta conjetura. Hay que decir que entendí apenas la mitad de lo que contó, y la culpa de esto la tiene tanto mi conocimiento imperfecto del español como la pronunciación del hombre, deteriorada por la edad. No hay que olvidar tampoco que el dialecto de las generaciones mayores de estas tierras se aleja de la norma castellana. Según las palabras del hombre, tenía ochenta y ocho años. Había trabajado duro toda su vida, por supuesto, en agricultura. Nació aquí, y su esposa, ya difunta, era de un pueblo vecino. Al campesino le tocó trabajar tanto en su patria chica como en Andalucía, cerca de Madrid y en Francia.

El anciano amable no sólo me contó sobre su vida, sino también me aconsejó unos lugares interesantes para visitar en la comarca. Pisaré uno de ellos cerca del final de este viaje.

Vistas diurna y nocturna de la plaza de España.
Plaza de España de día y de noche

Al dejar el coche en un aparcamiento público de Calatayud (cerca de la puerta de Zaragoza) me fui apresurado a buscar la oficina de turismo. Quería empezar la exploración de la ciudad por una visita guiada. Descubrí que las visitas no se organizaban en la oficina de turismo sino en una tienda de recuerdos, aquí mismo, en la plaza de España.

Según contó el dueño de la tienda (él mismo es el guía turístico), sus orígenes están en una vieja familia de comerciantes de Calatayud. Antes de empezar a exponer los sitios que vimos los que nos habíamos apuntado a la visita, vale la pena resumir brevemente la historia de esta gloriosa ciudad.

Un cartel antiguo y una calle de Calatayud.

Calatayud tiene un antepasado, la ciudad romana de Bílbilis. Sus ruinas se hallan a varios kilómetros de aquí. Además, las piedras de los antiguos edificios romanos fueron reutilizándose en la Edad media, por tanto se las puede ver en las partes bajas de los edificios que componen el casco histórico de Calatayud.

La fundación de la ciudad en su lugar actual está relacionada con la época de la dominación musulmana (a partir del siglo VIII). El nombre de la ciudad viene de la denominación árabe «Castillo de Ayub». Aunque existe otra versión que afirma que la palabra Calatayud tiene como origen la frase árabe «Castillo de los judíos». Sus partidarios suponen que aquí pudo existir un asentamiento fortificado de artesanos judíos. Sea cual sea la explicación verdadera, la ciudad tenía una gran importancia militar, en particular, en los conflictos internos antes y después de la desintegración del Califato de Córdoba.

¿Cuál es la razón del valor estratégico de Bílbilis y su sucesor, Calatayud? Resulta que aquí el valle del río Jalón se cruza con los valles de sus afluentes. A cierta distancia estas depresiones del relieve se juntan con las formaciones semejantes de otros ríos de la península. La actual comarca de Calatayud se convierte pues en el cruce de dos caminos naturales. En el mapa de la España de hoy serían aproximadamente las líneas Zaragoza-Madrid y Mediterráneo-Navarra.

Los musulmanes perdieron el poder sobre Calatayud en 1120, cuando Alfonso I el Batallador, rey de Aragón, tomó su plaza fortificada. Hubo más enfrentamientos internos, esta vez entre reinos cristianos de la península, también entre estos y sus vecinos no hispanos. He leído que las fortalezas de Calatayud estuvieron en uso hasta bien entrado el siglo XIX, por ejemplo, durante las guerras napoleónicas y carlistas.

Sin embargo, la historia de la humanidad no es únicamente producto de las guerras y actuaciones de los gobernantes. La ciudad no habría podido aparecer en este lugar si no estuviese aquí la vega fértil del río Jalón. Anónimo e infinito, duro y alegre, el trabajo de los campesinos ha alimentado la ciudad en todos los tiempos. Si tuviéramos que elegir al personaje más conocido que le dio Bílbilis-Calatayud al mundo, sin duda es el poeta romano, autor de epigramas, Marco Aurelio Marcial (siglo I d.C.).

Iglesia de San Juan el Real
San Juan el Real y el antiguo colegio jesuita

Volvamos ahora a mis andanzas, a ver qué me contaron los edificios antiguos de Calatayud. La iglesia de San Juan el Real es un majestuoso templo erigido por los jesuitas entre los siglos XVII y XVIII, que ellos dedicaron a la Virgen del Pilar. Los jesuitas casi construyeron un barrio propio en torno a la iglesia. El antiguo colegio está adosado al templo, y enfrente de él se puede ver el edificio que albergó el seminario de los nobles. Como en otros tantos lugares, los jesuitas empezaron en Calatayud la actividad docente. Desafortunadamente para ellos, en 1767 la Compañía de Jesús fue expulsada de España por orden del rey Carlos III. El proyecto inicial del edificio del seminario no llegó a cumplirse, y la iglesia del Pilar se convirtió en una parroquia, bajo la advocación de San Juan. Por cierto, en su interior se puede ver unas obras del pintor Francisco de Goya que este creó siendo aún muy joven.

La iglesia de San Pedro de los Francos es muy curiosa. Un templo en este lugar se construyó tras la conquista de Calatayud de los musulmanes por parte del rey Alfonso. Este templo fue entregado a un grupo de guerreros francos (de la actual Francia). Se les concedió este regalo como agradecimiento por el apoyo que habían prestado a la ofensiva del rey aragonés contra los «infieles». Se les dio ciertos privilegios, y los francos se asentaron en Calatayud.

Iglesia de San Pedro de los Francos
San Pedro de los Francos

¿Qué más curiosidades hay detrás de esta iglesia de San Pedro? Justo en ella fue proclamado como heredero del trono aragonés el famoso Fernando, futuro «Rey católico», esposo de la reina Isabel de Castilla. Otra cosa que llama la atención es la torre de la iglesia. Está inclinada y no se ve en ella ningún adorno. Antes sí que estaba adornada, pero a mediados del siglo XIX se la desmontó parcialmente por decisión del ayuntamiento. La causa de tal acción fue la siguiente. La reina regente María Cristina iba a visitar Calatayud acompañando a Isabel II, en aquel entonces menor de edad. Las reinas se iban a alojar en el palacio nobiliario que se halla enfrente de la iglesia. Los funcionarios del ayuntamiento temían que la alta y torcida torre con campanas pudiera asustar a la reina madre y su hija, por tanto mandaron reducir el tamaño del campanario. La puerta de la iglesia de San Pedro habitualmente permanece cerrada, pero el guía la abrió delante de nuestro grupo, así que pudimos contemplar el interesante interior del templo.

Colegiata de Santa María
Colegiata de Santa María

Calatayud no tiene un obispo propio, por tanto tampoco le corresponde una catedral. Durante siglos los hombres de poder de la ciudad trataban de conseguir el título de catedral para la colegiata de Santa María. No lograron cumplir su objetivo, aunque, a pesar del fracaso de sus promotores, el mayor templo de la ciudad parece verdaderamente magnífico. La esbelta torre octagonal de la iglesia es el símbolo de Calatayud y la torre mudéjar más alta de Aragón. Desafortunadamente, la colegiata está cerrada por unas obras muy prolongadas.

Iglesia de San Andrés y su torre
Iglesia de San Andrés y su torre

Apenas a varias decenas de metros se alza otra obra maestra del estilo mudéjar, y sus puertas también están cerradas para visitas. Es la iglesia de San Andrés, y la cruz en forma de X en la fachada identifica su advocación. La torre de la iglesia es más baja que el campanario de Santa María, pero no tiene nada que envidiarle en cuanto a la decoración de ladrillo heredada del arte de Al-Ándalus. Entre todos los ornamentos la mirada capta los medallones con estrellas en el cuerpo central de la torre.

En los minutos cuando estábamos contemplando la iglesia de San Andrés, el mediodía ya se había superado. El sol quemaba. ¿Qué es aquella colina que se veía en el fondo, a cierta distancia del templo? ¿Qué eran los seres gigantescos de plumas negras y blancas que se posaban sobre ella, girando las cabezas, levantando sus alas? La cima de la colina se conoce como el castillo del Reloj, porque allí estuvo una de las fortalezas del complejo defensivo islámico. Los seres fantásticos sobre las ruinas del castillo son las cigüeñas. Parece que lo cerca que se encontraba la colina y la altura del campanario privaban al ojo de su capacidad para apreciar dimensiones. De ahí que las cigüeñas se asemejaban a unos enormes grifos mitológicos.

Iglesia de Santo Sepulcro iluminada por el sol de la mañana.
Iglesia del Santo Sepulcro

Durante mi visita a Calatayud no tuve ninguna duda de que las cigüeñas eran las dueñas de la ciudad. Sus nidos se veían en cada tejado, ellas se posaban sobre cualquier objeto alto, a menudo se las veía volar con ramitos en el pico. Sin exagerar, el ruido seco y vibrante https://tropinki.travel.blog/2021/06/06/calatayud-2021/que hacen abriendo y cerrando rápidamente el pico, me pareció el sonido más característico de Calatayud.

Otra iglesia destacada es la de Santo Sepulcro. Su historia está vinculada a la homónima orden religiosa. El interior de este templo se puede ver sin problema, sus puertas están abiertas de par en par delante de fieles y visitantes.

Puerta de Terrer
Puerta de Terrer

Calatayud ha conservado varias puertas de su muralla. Quizás la más notable de ellas sea la puerta de Terrer en el extremo occidental del casco antiguo. Ante la puerta, ya fuera de la antigua muralla, se extiende una plaza, en cuyo borde está el museo histórico y el convento de las Carmelitas descalzas. Al entrar en el recinto amurallado por la puerta de Terrer, ya estamos pisando las calles del antiguo barrio judío (Judería). Estas calles, como es habitual en las juderías de España, son estrechas, las pequeñas casas de considerable edad a veces están bien cuidadas, pero a veces se encuentran abandonadas o deterioradas. Muy cerca de aquí se alzan las iglesias de Santa María y San Andrés.

Casas de viviendas en la Judería
Viviendas peculiares en la Judería

Deambulando por las callejuelas de la Judería, llegué (porque es inevitable) a la Cuesta de Santa Ana. Nada más anduve unos cien metros, Calatayud apareció a mi izquierda en una imagen totalmente transformada. El cielo de un pacífico color azul, lleno de nubes blancas, bajaba para encontrarse con las torres de Santa María y San Andrés. Hace unos minutos las calles estrechas dirigían mi movimiento, pero ahora han desaparecido de la vista, han cedido su lugar a los innumerables tejados y a las iglesias, fáciles de reconocer. A mano derecha se levantaba la colina ocupada por las ruinas del castillo de Doña Martina. Este es el castillo más antiguo de Calatayud.

Las dos puertas de la antigua sinagoga.
Puertas de la antigua sinagoga

Dentro de poco me acerqué al monumento más importante de esta cuesta que hace siglos estuvo ocupada por los judíos. Hoy en día es la ermita de la Consolación, pero en aquellas épocas pasadas sus muros albergaban la Sinagoga mayor. Los dos arcos iguales que posee servían, según se afirma, de entradas separadas para hombres y mujeres.

Interior de la iglesia de la Virgen de la Peña.
En la iglesia de la Virgen de la Peña

Mis pies siguieron pisando las calles y me trasladaron hasta el santuario de la Virgen de la Peña. Santa María de la Peña se considera patrona de Calatayud. Su santuario está abierto para visitas, además posee un mirador con vistas exquisitas del casco histórico. Los principales monumentos del Viejo Calatayud se observan desde aquí. Son tan bien reconocibles que se puede, de forma imaginaria, repetir la visita guiada de esta mañana, trasladando la mirada de una torre a otra, de fachada a fachada.

Vista en la que dominan las torres de Santa María y San Andrés
Vista desde el santuario de la Virgen de la Peña

Seguí subiendo y en poco tiempo paré cerca de la ermita de San Roque. En la ladera de la colina donde se encuentra la ermita, vi unas cuevas excavadas, sus suelos estaban cubiertos de paja. En el mirador que linda con la ermita disfruté de unas vistas aún más amplias que en la ubicación anterior. Además de la ciudad baja, desde aquí se veían excelentemente todos los castillos de Calatayud. El mejor conservado es el más grande, el castillo de Ayub. En el norte, como olas de un mar petrificado, se veían cerros semidesérticos de roca gris, separados por barrancos. La vega del río al contrario presentaba parches verdes de campos y jardines.

Vista desde la Judería, el casco histórico está iluminado por el sol
El Calatayud brillante

Bajé por la misma Cuesta de Santa Ana hasta la iglesia de San Andrés. En aquel instante las nubes, que recordaban unas almohadas, blancas y apiladas, estaban flotando por el cielo. Cuando veía la torre rodeada por el cielo, parecía que la iglesia se había separado de la tierra y flotaba como si fuera un barco. Bajando la mirada se podía parar la navegación. Era peligroso volver a mirar hacia arriba: en vez de flotar, el campanario podía empezar a inclinarse, caerse hacia mí. Menos mal que la salvación seguía siendo la misma: bajar la mirada, agarrarse de la tierra firme.

Una calle de la Morería con una vista de las torres de Calatayud
Barrio de la Paz en la Morería

Como ya hemos apuntado, desde la iglesia de San Andrés sube la Cuesta de Santa Ana. Hay otro camino cuesta arriba, que arranca más a la derecha (si nos situamos de espaldas a la iglesia). Conduce este camino al castillo de Ayub. Después de contemplar la torre que flotaba y caía, me dirigí justo allí. Atravesé la pequeña plaza de San Juan el Viejo y comencé a subir por la calle Barrio de la Paz. Esto ya no es la Judería, sino la antigua parte islámica, la Morería. Es muy pintoresca.

Muros defensivos y una puerta de origen musulmán.
El castillo de Ayub y la puerta de origen árabe

Parece ser que la organización de las pequeñas viviendas, algo caóticas, poco ha cambiado desde la Edad media. Se puede notar que los barrios de Calatayud situados en las laderas literalmente penetran en la roca. Casi todas estas casas aprovechan de una u otra manera las cuevas excavadas en la colina que les da soporte. Con más evidencia este fenómeno se ve en las casas medio derrumbadas. A la cueva se accede desde el patio. Aunque, fijándome en las ruinas, vi que la cueva podía ser parte íntegra de la casa, su ampliación hacia las entrañas de la colina. La roca aquí es muy frágil, y esto facilita la excavación de las cuevas. Para el resto de la ciudad, en cambio, las propiedades traicioneras de su suelo es una auténtica maldición. Los edificios grandes se hunden, se agrietan y se inclinan. Un ejemplo que habla por sí mismo sol las casas «danzantes» de la plaza de España. Hace muchísimos años se torcieron y se apoyaron una sobre otra. En este estado las verá cualquiera que visite Calatayud en nuestros días.

La Morería se transforma paulatinamente en un pinar parque que rodea el castillo de Ayub. No tuve prisa en subir hasta los muros de la fortaleza. Antes encontré una antigua puerta de los años del emirato y califato. Ahora cegada, esta puerta es un elemento de la muralla que desciende por la ladera a la parte baja de la Morería.

Arcoiris visto desde el castillo de Ayub
Después de la lluvia en el castillo de Ayub

El castillo, sin duda, es un excelente mirador. Es interesante también la convivencia de fortificaciones provenientes de épocas diversas. Los muros de la época islámica, de simple fábrica y de materiales locales, contrastan con los que se construyeron en los últimos siglos, de piedra, capaces de aguantar bombardeos de la artillería.

Mientras estaba paseando por el castillo, llegaron nubes grises del norte y rociaron todo con gotas casi cálidas. Se encendió un arcoiris tímido, y, pasado un tiempo, se fusionó con el rojo de las nubes iluminadas por el sol que ya se acercaba al horizonte.

Calatayud visto desde el castillo de Ayub.
Calatayud a vista de pájaro

No podría haber sido de otra manera: llegó el crepúsculo, tras el cual la oscuridad se apoderó de la ciudad. La vida nocturna no faltaba en el centro, siendo uno de sus focos la avenida de las Cortes de Aragón. Di una vuelta por las calles de Calatayud sumergidas en la noche, y me fui al hostal a reponer las fuerzas. Tenía que amanecer con energía este domingo que estaba a punto de llegar.

Balcones anchos en la parte de arriba y estrechos abajo.
Balcones aragoneses

Por la mañana bastante temprano dejé el hotel. Fui a ver el río Jalón. Volví al casco antiguo, estuve caminando por las calles que no se habían despertado aún. Repasé mis conocimientos del patrimonio histórico. Desayuné en la plaza de España, cuando la calentaban los rayos del sol, todavía suaves a esta hora.

Montaña agujereada por cuevas con la ermita en la cima.
Vista a la ermita de San Roque

Llegó el momento para hacer algo diferente. Al cruzar la Judería sin prisa noté que por la ladera de roca frágil no costaría nada subir a otro castillo perteneciente al complejo defensivo: el castillo de la Torre Mocha. Así hice. En los momentos cuando estaba paseando al lado del muro defensivo, se abría delante de mis ojos una vista a la colina donde se encuentra la ermita de San Roque. Las laderas estaban agujereadas por cuevas, se veían casas blancas. Abajo un anciano sacaba a las ovejas del corral. Una imagen ideal para regresar cien, mil o incluso más años atrás. Sólo la lombriz blanca del tren de alta velocidad que pasó a lo lejos devolvió mi mente al siglo veintiuno.

Torre y muro defensivo
Castillo de la Torre Mocha

Del castillo de la Torre Mocha bajé a la Morería. Pasé por la puerta medieval de Soria. Desde una calle que se abría paso entre dos filas de casas pintadas de varios colores, observaba el castillo de Doña Martina, tratando de grabar en la memoria la imagen de sus rocas, muros, así como de sus alcaides, las cigüeñas, que se veían enormes e inteligentes.

Iglesia vista desde una calle estrecha
En el pueblo de Aniñón, cerca de Calatayud

Llegó la hora de abandonar Calatayud. Por el camino visité el pueblo de Aniñón, de donde era la mujer del anciano con el que hablé al principio de esta historia. Fue un placer contemplar la iglesia de Aniñón en lo alto, recorriendo las calles del pueblo bajo el sol generoso de los últimos días de mayo.

Leave a comment

Design a site like this with WordPress.com
Get started